Herman
Hesse
"[...]
nada en el mundo repugna tanto al hombre como seguir el camino que
ha de conducirle hacia sí mismo".
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"Cuando
odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que llevamos en nosotros
mismos. Lo que no está también en nosotros mismos nos deja indiferentes".
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"La
única realidad es la que nosotros tenemos, y si los hombres viven
tan irrealmente es porque aceptan como realidad las imágenes exteriores
y ahogan en sí la voz de su mundo interior".
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"Aquel
que es demasiado cómodo para pensar por sí mismo y ser su propio
juez se somete a las prohibiciones de momento existentes. Le resulta
más sencillo. Pero otros sienten en sí mismos su propia ley, les
están prohibidas cosas que todo hombre de honor hace a diario y
permitidas otras, sobre las que recae una general interdicción".
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"Aquel
que sólo quiere su destino no tiene ya modelos ni ideales, amores
ni consuelos".
de "Demian"
"La mirada de la voluntad es impura y ardiente. El alma de las cosas,
la belleza, sólo se nos revela cuando no codiciamos nada, cuando
nuestra mirada es pura contemplación. Si miro un bosque que pretendo
comprar, arrendar, talar, usar como coto de caza o gravar con una
hipoteca, no es el bosque lo que veo, sino solamente su relación
con mi voluntad, con mis planes y preocupaciones, con mi bolsillo.
En ese caso el bosque es madera, es joven o viejo, está sano o enfermo.
Por el contrario, si no quiero nada de él, contemplo su verde espesura
con "la mente en blanco" y entonces sí que es un bosque, naturaleza
y vegetación; y hermoso".
"Del
alma", de "Mi credo"
"Un emperador se encuentra con el antiguo patriarca Bodhidharma.
Con la presunción e ignorancia del profano y hombre de mundo, le
pregunta: "¿Cuál es el sentido más alto de la verdad sagrada?".
El patriarca contesta: "La extensión abierta -nada sagrado-". La
sobria grandeza de esta contestación, Carlo, me acarició como un
aliento del espacio, sentí un embeleso y al mismo tiempo un pavor
como en esos raros momentos de inmediata cognición o experiencia,
que yo llamo "estar despierto" y sobre los cuales hablamos una vez
con extraordinaria gravedad. La consecución de este despertar, este
estado de identificación con el Todo, que no es cavilación, sino
una realidad vivida con alma y cuerpo, esta fusión con la unidad
es la meta a la que aspiran todos los discípulos del Zen"
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"Como
ya te he hablado de mi "despertar" personal, mucho antes de que
los dos oyéramos mencionar el Zen, tengo que comunicarte algo más
que atrae mi atención y me da que pensar acerca de los iluminados
del budismo chino. Yo ya conozco la experiencia, pues he sentido
varias veces "el relámpago de la revelación". No era algo desconocido
entre nosotros: todos los místicos y muchos de sus discípulos, grandes
y pequeños, lo han vivido; acuérdate de la primera revelación de
Jacob Böhmes. Pero en estos chinos el despertar parece prolongarse
durante toda la vida, por lo menos en los maestros, que convierten
el relámpago en sol y retienen para siempre el instante. Aquí mi
comprensión me falla, pues no soy capaz de imaginarme un estado
de iluminación eterna, un éxtasis transformado en forma de vida
duradera. Probablemente me introduzco en el mundo del Este con una
actitud demasiado occidental. Sólo puedo imaginarme que quien ha
despertado una vez puede repetir la experiencia con mayor facilidad
que otros hombres y repetirla dos, tres, diez veces, y que, naturalmente,
vuelve a sumirse en el sueño y la inconsciencia, pero nunca con
tanta profundidad que no pueda despertarlo la luz de un siguiente
relámpago".
"Carta
ficticia de Josef Knecht a Carlo Ferromonte" de "Mi credo"
"El
racional es responsable de que existan las penas de muerte, las
prisiones, las guerras, los cañones, pero el piadoso no ha hecho
nada para que todo esto sea imposible. Los dos procesos de la historia
del mundo en los cuales, con mayor claridad y simbolismo que nunca,
un piadoso fue muerto por los racionales -los procesos de Sócrates
y del Salvador- tienen momentos de un impresionante doble sentido.
¿No hubieran podido los atenienses, no hubiera podido Pilato encontrar
con facilidad el ademán, sin pérdida de su prestigio, que salvase
al acusado? Y si tanto Sócrates como Jesús no hubieran actuado con
cierta crueldad heróica, haciendo culpable al enemigo de su muerte
y triunfando así sobre él, ¿no habrían evitado con muy poco esfuerzo
la tragedia? Ciertamente. Pero las tragedias nunca pueden evitarse,
porque no son accidentales, sino choques entre mundos opuestos"
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"El
racional se siente siempre inseguro frente a la naturaleza y el
arte. Tan pronto las mira con desdén como las sobreestima supersticiosamente.
Es él quien paga millones por viejas obras de arte y hace construir
reservas para pájaros, animales salvajes e indios".
de
"Un poco de teología" de "Mi credo"
"La
Navidad es una suma, un almacén de regalos de todos los sentimentalismos
y mendacidades burgueses. Es un motivo de desenfrenadas orgías para
la industria y el comercio, el artículo más sensacional de los almacenes,
huele a hojalata lacada, a ramas de abeto y a gramófonos, a agotados
carteros y chicos de reparto que murmuran por lo bajo, a alborotadas
fiestas familiares bajo el árbol engalanado, a suplementos de los
periódicos y a una gran publicidad; en resumen, a mil cosas que
me resultan extremadamente odiosas y que me serían indiferentes
y ridículas si no hicieran un uso tan lamentable del nombre del
Salvador y del recuerdo de nuestros años más tiernos".
extracto
de una carta de "Mi credo"
"Siempre
tuve sed de saber, infinidad de problemas me acosaban. Año
tras año interrogué a los brahmanes, a los Vedas sagrados,
a los Samanas piadosos. ¡Oh Govinda!, quizás hubiese
sido tan cuerdo y provechoso preguntar al cuervo o al chimpancé.
Mucho tiempo necesité para llegar por mí mismo a la
cruel verdad que acaso no haya aún asimilado plenamente:nada
se puede aprender. Por cierto creo que lo que llamamos aprender
no existe. Sólo hay un saber, y habita en todas partes: es
el Atman, que está en mí, en ti, en cada ser. He aquí
por qué comienzo a creer que no hay mayor enemigo del saber
verdadero que el querer saber a todo precio, que el aprender"
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"Al
abandonar el bosque, donde dejaba a Gotama, el Ser Perfecto, y a
Govinda, Siddhartha se percató que al mismo tiempo se desgarraba
de él toda su vida pasada. Este sentimiento, que lo llenaba
por entero, ocupaba su mente mientras caminaba a pasos lentos. Reflexionaba
profundamente. Sumergíase en dicho sentimiento como en el
agua, hasta tocar fondo, es decir, hasta desentrañar las
causas; pues en ello, parecíale, consiste el verdadero pensar.
Sólo así los sentimientos se truecan en ciencia y
en lugar de disiparse toman forma e irradian su esencia".
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"Contempló
el mundo que lo rodeaba como si lo viera por primera vez. ¡Hermoso
era el mundo! Variado, extraño, enigmático, azul y
amarillo aquí, allá verde. Las nubes se deslizaban
por el cielo y el río corría sobre la tierra. El bosque
y las montañas que se perfilaban en el horizonte, todo era
bello, misterioso y encantador. Y en medio del mundo, él,
Siddhartha, despierto, en camino hacia sí mismo.
Todas estas cosas, una a una, el amarillo, el azul, el río,
el bosque, se le entraban por los ojos hasta el alma. No eran ya
el hechizo de Maras, no era ya el velo de Maya, la diversidad occidental
y desprovista de sentido del mundo fenoménico, indigna del
pensamiento profundo del brahman que lo desprecia y sólo
busca su unidad. Para él, ahora, el azul era el azul, el
río era el río, y aunque en su espíritu perviviera
la idea de la unidad y de la divinidad de este azul y de este río,
no menos divino era el ser amarillo acá y azul acullá,
el ser cielo, el ser bosque, como también lo era él,
Siddhartha, en este lugar. El sentido y el ser no eran elementos
que residían en algún lugar detrás de las cosas,
sino que estaban en ellas mismas, en todo.
Qué sordo y qué limitado he sido, pensaba alargando
el paso. Al leer un escrito cuyo sentido quiere penetrarse no se
desdeñan los signos ni las letras, no se ve en éstos
un señuelo, un efecto del azar, una envoltura vulgar; se
los lee, se los estudia letra por letra, se los ama. Yo, en cambio,
ansioso de leer en el libro del mundo y en el libro de mi propio
ser, menosprecié sus signos y letras en virtud de un sentido
que les atribuí de antemano; llamaba ilusión cuanto
veía de los fenómenos del universo; fenómenos
accidentales e insignificantes mi vista y mis otros sentidos. ¡No,
esto ya no existe, estoy despierto, estoy despierto por completo,
hoy he nacido!".
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"También
aprendió Siddhartha que después de cada fiesta de
amor, los amantes no debían separarse sin haberse admirado
mutuamente, con la impresión de haber sido vencidos en la
misma medida en que vencían; y que por sobre todo no se debía
suscitar en la pareja ese desagradable sentimiento de saciedad desmedida
y de abandono, que pudiera hacer creer en un abuso por parte de
uno o de otro".
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"Largo
rato habló Siddhartha del sublime y venerado Buda, cuando
Kamala, le dijo entre suspiros: "Acaso un día yo también
siga a este Buda. Le obsequiaré mi jardín e iré
a buscar un refugio en su doctrina". Pero en seguida lo provocó
al juego del amor, abrazándolo con ansias tristes, llenas
de mordiscos y de lágrimas, como si hubiera querido saborear
hasta la última gota este placer efímero y vano. Jamás
Siddhartha penetró de manera tan extrañamente nítida
hasta qué punto la voluptuosidad está emparentada
con la muerte".
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"-Dime,
Vasudeva, ¿también a ti te inició el río
en el misterio de la inexistencia del tiempo?
-Sí, Siddhartha -contestóle-. Con ello sin duda quieres
significar que el río está simultáneamente
por doquier: en su fuente y en su desembocadura, en la catarata,
en el arroyo y en el rápido, en el mar y en la montaña;
en todas partes al mismo tiempo y que no hay en él la menor
partícula de pasado o la más breve idea de tiempo
venidero, sino solamente el presente.
-Así es -dijo Siddhartha-. Cuando lo supe, arrojé
una mirada sobre mi vida, y ella también se me apareció
como un río, y vi que nada real, sino únicamente sombras,
separaban al Siddhartha niño del Siddhartha hombre, del Siddhartha
anciano. Los nacimientos anteriores de Siddhartha no fueron su pasado
más que su muerte y su retorno a Brahma serán su porvenir.
Nada ha sido, nada será; todo es, todo vive y pertenece al
presente.
Siddhartha hablaba con entusiasmo, pues la luz que se había
hecho en él lo colmaba de alegría: -¡Oh sí!
¡comprendo ahora que el sufrir, las zozobras y todo aquello
del mundo que nos es hostil y agobiante únicamente existe
en el tiempo; y que todo ello desaparece y se supera una vez vencido
éste, desde el momento en que mediante el pensamiento hacemos
abstracción de él".
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"¡Los
hombres! Hoy los veía de manera muy diferente que antaño,
y con menor presunción y menos orgullo los juzgaba: sentíase
más cercano a ellos, la vida y los hechos del vulgo despertaban
su curiosidad. Cuando transportaba a viajeros de condición
inferior, mercaderes, soldados, mujeres de todas las categorías,
esta gente no le parecía ya tan extraña como antes;
la comprendía, comprendía su existencia no guiada
por ideas u opiniones, sino únicamente por necesidades y
deseos; interesábase y se sentía uno de ellos. [...]
las vanidades, los afanes y los caprichos mundanos habían
dejado de ser ridículos a sus ojos. Sí, valía
la pena entender a esta gente, amarla y hasta venerarla. El amor
ciego de la madre, la estúpida presunción del padre,
el necio afán de la joven coqueta por adornarse con joyas
que provocan la admiración de algunos hombres; habíasele
esclarecido el sentido de todas estas necesidades pueriles, y todas
estas aspiraciones ingenuas e irrazonables, pero tan poderosas en
la vida, no aparecían más a los ojos de Siddhartha
como cosas despreciables. Por ellas los hombres cumplían
lo imposible, realizaban largos y duros viajes, exterminábanse
los unos a los otros, soportaban sufrimientos infinitos, resistían
todo; y esto hacía que él los amase".
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"-Soy
viejo, en verdad -repuso Govinda-, mas no por ello he cesado en
mi búsqueda. A veces creo que mi destino sea buscar sin descanso.
Tú también has buscado; ¿quieres decirme algunas
palabras, Hombre Venerado?
Siddhartha respondió: -¿Qué podría decirte
yo, oh Venerable?... ¿Que buscas demasiado? ¿Qué
es a fuerza de buscar que no encuentras?
-¿Cómo?
-Al buscar -continuó Siddhartha-, ocurre fácilmente
que nuestros ojos sólo ven el objeto que perseguimos. Por
ello, porque todo lo demás es inaccesible a nuestros ojos,
porque sólo pensamos en aquella meta que nos hemos fijado,
ésta nos posee por entero y nos hace imposible encontrar.
Quien dice buscar, significa un fin. Pero encontrar es ser libre,
estar abierto a todo, no tener fin determinado alguno. Tú,
Venerable, sin duda buscas en verdad, pero la meta que tienes ante
tus ojos y tratas de alcanzar te impide justamente ver lo que muy
próximo a ti se halla".
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"Govinda
dijo entonces: -¡Oh Siddhartha!, me parece que la chanza sigue
gustándote. Que no hayas seguido maestro alguno, lo creo
y lo sé. ¿Pero no has hallado, no diré una
doctrina, sino ciertas ideas, ciertos conocimientos, que te pertenezcan
cabalmente y con arreglo a los cuales orientas tu vida? Si te fuera
posible hablarme de estas cosas, harías mi felicidad.
-Sí. A veces vinieron a mí, pensamientos, conocimientos.
Por una hora o un día, los efectos del saber agitáronse
en mi alma como la vida en el corazón. Ciertamente se trataba
de ideas, mas harto difícil me sería comunicártelas.
Escucha, mi buen Govinda, uno de los pensamientos míos: la
sabiduría no se transmite. La ciencia que el sabio intenta
comunicar suena siempre a locura.
-¿Quieres reírte de mí? -preguntó Govinda.
-De ningún modo. Te digo lo que hallé. Puede comunicarse
el saber, pero no la sabiduría. Cabe encontrarla, vivirla,
hacer de ella un sendero; es posible, merced a ella, realizar milagros,
pero en punto a decirla y a enseñarla, ¡no, esto no
se puede! Cuanto te digo ahora lo sospechaba ya de joven, y, fue
lo que me hizo huir de los maestros. Escucha, Govinda, otro pensamiento
que acaso tomes tú por broma o locura, pero que en verdad
está por encima de todos los pensamientos que tuve jamás.
Helo aquí: lo contrario de cada verdad es tan verdadero como
la verdad misma. Te lo explicaré: una verdad, cuando es unilateral,
sólo puede expresarse con palabras que la encubren.Y unilateral
es todo lo que puede pensarse y traducirse en palabras; sólo
es mitad o parte, carece de Totalidad, de Unidad. Cuando el sublime
Gotama hablaba del mundo en su enseñanza, veíase obligado
a dividirlo en Sansara y en Nirvana, en errores y en verdades, en
sufrimiento y en liberación. Imposible de distinta manera;
representa el único camino a seguir por el maestro que enseña.
Pero el mundo en sí mismo, lo que existe en nosotros y afuera,
jamás es unilateral. Nunca un ser humano o una acción
es plenamente Sansara o Nirvana, así como tampoco un hombre
nunca es cabalmente un santo o un pecador. Harto fácilmente
nos equivocamos, pues por naturaleza propendemos a creer que el
tiempo es una cosa real. ¡Oh Govinda, el tiempo no es una
realidad, muchas y muchas veces lo he sentido! Y si el tiempo no
existe, el instante que parece mediar entre el mundo y la eternidad,
entre el sufrimiento y la felicidad, entre el bien y el mal, no
es más que una ilusión.
-¿Cómo? -preguntó Govinda con voz honda de
ansiedad.
-¡Presta atención, mi buen amigo, escúchame
bien! Yo soy un pecador, tú también lo eres, y ambos
seguiremos siéndolo. Pero vendrá un día en
que seremos Brahma, en que alcanzaremos el Nirvana, en que seremos
Buda. ¡Mas ten cuidado!, este "un día" es
una ilusión, una manera de hablar. El pecador no se encamina
hacia el estado de Buda, no evoluciona, pero nuestro espíritu
es incapaz de presentarse las cosas de otro modo. No, el Buda del
futuro existe en el presente, está en el pecador, y en éste
debes venerar ya, y en ti, al Buda en devenir, al Buda todavía
oculto. El mundo, Govinda, no es una cosa imperfecta o en vías
de lento perfeccionamiento; ¡no, es perfecto en cualquier
momento! El pecado entraña su perdón, dentro del niño
alienta el anciano, cada recién nacido lleva en sí
la muerte, cada mortal la vida eterna. A ningún ser humano
le es dado penetrar hasta qué punto su prójimo ha
triunfado en la ruta que sigue: Buda espera en el ladrón
y en el jugador de dados, y en Brahma espera el ladrón. Por
la meditación profunda puede el hombre evadirse del tiempo,
considerar como simultáneo todo lo que ha sido, lo que es
y lo que será en el futuro, y como todo es perfecto, todo
es Brahma. Y por ello digo que lo que es, está bien; y todo
me es igual: la muerte o la vida, el pecado o la santidad, la prudencia
o la locura. Todo debe ser así; únicamente me cabe
aceptarlo, quererlo, comprenderlo con amor. Hube de pecar de lujuria,
de concupiscencia y de vanidad; sólo después de vivir
en la más vergonzosa de las desesperaciones pude frenar mis
afanes y mis pasiones; tremendo dolor costóme amar el mundo
verdadero, no confundirlo con aquel mundo imaginario deseado por
mí ni con el género de perfección que mi espíritu
se representaba. Aprendí a tomarlo tal cual es, a amarlo
y a ser parte de él. ¡Estos, oh Govinda, son algunos
de mis pensamientos!.
Siddhartha se inclinó, recogió una piedra y sopesándola
con la mano dijo: -Con el tiempo, esta piedra será tierra,
y de esta tierra nacerá una planta, un animal o un ser humano.
¡Y bien! Antaño simplemente hubiera hablado así:
esta piedra es sólo una piedra, una cosa sin valor, pertenece
al mundo de Maya, pero como en la rueda de las transmutaciones puede
llegar a convertirse en un ser humano, en un espíritu, he
de reconocer su valor. Posiblemente en otros tiempos hubiera pensado
de este modo. Pero hoy diré: esta piedra es una piedra, es
también Dios, y es también Buda; no porque un día
pueda trocarse en esto o aquello la venero y la amo, sino porque
todo lo es ya, desde hace mucho tiempo, desde siempre, y la amo
precisamente porque es piedra, y porque como piedra se presenta
hoy ante mí. Sus hendiduras y sus agujeros, su color amarillo
y gris, su dureza, el sonido que deja escapar cuando la golpeo,
la sequedad o la humedad de su superficie, todas estas cosas poseen
valor y sentido a mis ojos. Piedra hay que son al tacto como aceite
o jabón, otras como hojas, otras como arena; y cada una tiene
su peculiaridad y dice el Om a su manera, cada una es Brahma siendo
a la par una piedra; y justamente por ello me gustan y me parecen
maravillosas y dignas de ser adoradas.
Mas ya he hablado bastante. Mal sirven las palabras el sentido misterioso
de las cosas; siempre deforman más o menos lo que se dice,
y a menudo se desliza en el discurso un dejo de falsedad o de locura.
Pero asimismo esto lo encuentro muy bien y de ningún modo
me disgusta. De buena gana consiento en que la Sabiduría
de un hombre tenga cierto aire de locura a los ojos de algunos de
sus prójimos.
Govinda escuchaba callado.
-¿Por qué, -preguntó con voz vacilante unos
momentos después-, por qué me has hablado así
de la piedra?
-Por cierto que fue sin intención, y acaso porque me siento
unido a ellas, a este río, a estas cosas que vemos y que
todas tienen algo que enseñarnos. Sí, Govinda, soy
capaz de amar una piedra, un árbol y hasta un pedazo de corteza.
¡Son cosas, y por tanto cabe amarlas! Pero algo hay que me
siento incapaz de amar: las palabras. He aquí por qué
no hago caso de las doctrinas. Carecen de dureza, de blancura, de
color, de perfume, de gusto; sólo una cosa tienen: palabras.
Tal vez por ello tú nunca alcances la paz. Oh, Govinda, tú
te pierdes en el laberinto de las frases, pues sabe, amigo mío,
que sólo son palabras todo aquello que llamamos Liberación
y Virtud, Sansara y Nirvana. No existe el Nirvana, únicamente
existe la palabra "Nirvana" ".
de
"Siddhartha"